Por Canuto  

Un informe de la OCDE vincula el uso diario de herramientas de IA para tareas escolares con resultados significativamente inferiores en ciencias, aunque también identifica beneficios cuando los alumnos emplean la tecnología con moderación y pensamiento crítico.
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  • Los estudiantes que casi nunca usan IA lograron 509 puntos en ciencias, frente a 481 de quienes la utilizan a diario para redactar tareas.
  • La diferencia de 28 puntos, ajustada por nivel socioeconómico, equivale aproximadamente a un año y medio de enseñanza.
  • La OCDE sostiene que el uso semanal y crítico de la IA puede superar tanto al uso excesivo como a la ausencia total de estas herramientas.


El uso de herramientas de inteligencia artificial para resolver tareas escolares no garantiza un mejor aprendizaje. Un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) encontró que los estudiantes de 15 años que recurren diariamente a la IA para redactar trabajos obtienen resultados más bajos en una prueba de ciencias que quienes casi nunca utilizan estas herramientas.

La diferencia alcanzó 28 puntos después de ajustar los resultados por estatus socioeconómico, una brecha que la propia investigación equipara aproximadamente con un año y medio de enseñanza. El hallazgo aparece en la primera publicación de resultados de PISA desde que la IA generativa se volvió popular, con datos recopilados a partir de una muestra representativa de más de 760.000 estudiantes en 91 países y economías.

Una brecha asociada al uso diario

Los alumnos que declararon que nunca o casi nunca usan IA para redactar textos escolares obtuvieron, en promedio, 509 puntos en la evaluación de ciencias. En cambio, quienes afirmaron utilizarla todos los días o casi todos los días para ese propósito alcanzaron 481 puntos, según el informe educativo de la OCDE divulgado el martes.

El patrón no se limita a la redacción de tareas. La investigación también observó diferencias similares cuando los estudiantes emplean IA para realizar una primera investigación sobre un tema nuevo o para resumir lecturas asignadas, dos actividades que pueden ahorrar tiempo, pero que igualmente pueden reducir la participación directa del alumno en el proceso de comprensión.

La relación entre tecnología y rendimiento no demuestra por sí sola que los chatbots causen una caída en las calificaciones. Sin embargo, los resultados refuerzan la preocupación por la llamada descarga cognitiva, término utilizado para describir el traslado a una herramienta externa de tareas mentales que el estudiante debería practicar y dominar por cuenta propia.

La prueba PISA evalúa ciencias, matemáticas y lectura entre jóvenes de 15 años, y sus resultados son observados por gobiernos y responsables de políticas públicas como una referencia para comparar los sistemas educativos nacionales. Las pruebas anteriores se realizaron en 2022, antes de que la IA generativa alcanzara su actual nivel de popularidad, por lo que esta edición ofrece una de las primeras fotografías internacionales sobre su presencia en las aulas y los deberes.

La OCDE pide preservar el esfuerzo mental

Andreas Schleicher, director de Educación y Competencias de la OCDE, comparó el aprendizaje con la actividad física para explicar el riesgo de delegar demasiado trabajo en los chatbots. En un comentario incluido en el informe, sostuvo que una persona no se pone en forma viendo deportes, sino practicándolos, y que aprender exige una lucha cognitiva productiva con el material nuevo.

Schleicher afirmó que la IA debería utilizarse como un “andamiaje, no como una muleta”. Según su planteamiento, la tecnología puede impulsar el progreso cuando permite o fortalece el esfuerzo mental del alumno, pero puede socavar su desarrollo cuando evita por completo esa lucha productiva y convierte el aprendizaje en un simple consumo de contenido.

Los datos muestran que la frecuencia no es el único factor relevante. Los estudiantes que utilizan IA aproximadamente una o dos veces por semana tienden a superar tanto a sus compañeros que la usan con menor frecuencia como a quienes recurren a ella todos los días, lo que sugiere que el contexto y la finalidad de uso importan más que la mera disponibilidad de la herramienta.

El beneficio resulta más visible entre quienes dicen emplear la IA para ayudarse a aprender. En ese grupo, los usuarios semanales superan a los estudiantes de todas las demás categorías, incluidos los que nunca utilizan estas herramientas, mientras que los usuarios diarios alcanzan mejores resultados cuando sus lecciones les exigen evaluar de forma habitual la información generada por IA.

El papel del pensamiento crítico

Entre los estudiantes que usan IA a diario, las calificaciones de ciencias fueron 13 puntos más altas cuando las clases les pedían evaluar regularmente la información producida por estas herramientas. La diferencia equivale a más de medio año de enseñanza y apunta a una posible estrategia educativa: no prohibir necesariamente la tecnología, sino obligar a los alumnos a contrastar, cuestionar y corregir sus respuestas.

Ese resultado introduce un matiz importante en un debate que suele dividirse entre la adopción entusiasta y la prohibición total. La IA puede personalizar explicaciones, apoyar a estudiantes con dificultades y ayudar a los docentes a reducir el tiempo dedicado al papeleo, pero esos beneficios dependen de que la herramienta acompañe el razonamiento en vez de reemplazarlo.

La adopción ya está extendida entre los estudiantes evaluados. Solo 14% dijo que nunca o casi nunca utiliza IA para sus tareas escolares, mientras que el uso casi diario todavía se mantiene por debajo de 20%, una combinación que revela una rápida incorporación de la tecnología, pero también una amplia variedad en la intensidad y los objetivos de uso.

Las diferencias entre países son pronunciadas. Cerca de 40% de los estudiantes en Japón declaró que nunca o casi nunca emplea IA para tareas escolares, frente a apenas 4% en Vietnam, una distancia que puede reflejar diferencias en acceso, políticas educativas, hábitos tecnológicos y expectativas sobre el trabajo independiente, aunque el informe no presenta una explicación única para esa variación.

Escuelas y universidades rediseñan sus reglas

El debate sobre los chatbots forma parte de una discusión más amplia sobre el lugar de los dispositivos inteligentes en los centros educativos. Un número creciente de países analiza restricciones para los teléfonos en las escuelas, mientras que las autoridades enfrentan una pregunta más compleja: cómo distinguir entre una herramienta que facilita la comprensión y otra que permite entregar un trabajo sin haber desarrollado las habilidades necesarias.

La respuesta institucional ya comenzó a endurecerse en algunos lugares. Las escuelas públicas de la ciudad de Nueva York restringirán durante el año académico 2026-2027 el uso de herramientas de IA generativa para estudiantes desde preescolar hasta octavo grado, de acuerdo con la información disponible sobre la nueva política. La medida se suma a las advertencias de autoridades educativas sobre el uso de estas herramientas para hacer trampa, especialmente en los trabajos de curso.

En el ámbito universitario, un informe publicado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts el mes pasado concluyó que la educación superior tendrá que rediseñar su enseñanza, sus evaluaciones y el apoyo a los estudiantes, después de que la IA demostrara capacidad para completar la mayoría de las tareas de pregrado. El desafío no consiste únicamente en detectar textos generados, sino en crear evaluaciones que hagan visible el razonamiento del alumno.

La OCDE no presenta la IA como una amenaza inevitable ni como una solución automática para las desigualdades educativas. Su evidencia sugiere que el uso moderado, guiado y crítico puede contribuir al aprendizaje, mientras que la dependencia diaria para completar tareas corre el riesgo de privar a los estudiantes del ejercicio mental que las escuelas intentan desarrollar.

Una evidencia todavía en construcción

La investigación internacional llega en un momento en que todavía existe relativamente poca evidencia concreta sobre los efectos de la IA en la educación. Un estudio publicado en junio con cerca de 27.000 estudiantes chinos encontró que el uso de estas herramientas reducía el tiempo dedicado a los deberes y elevaba las calificaciones, pero también producía resultados significativamente peores en los exámenes.

Ese contraste ayuda a explicar por qué las calificaciones de una tarea no siempre reflejan lo que un estudiante aprendió. Un chatbot puede mejorar la presentación de un trabajo, sugerir una estructura o entregar una respuesta rápida, pero una prueba sin asistencia exige recuperar conocimientos, interpretar información y resolver problemas sin delegar esas operaciones en un sistema externo.

Para las escuelas, la disyuntiva plantea costos y oportunidades simultáneos. Una política de prohibición absoluta podría impedir usos pedagógicos valiosos, especialmente para alumnos que necesitan explicaciones adicionales, mientras que una adopción sin límites podría profundizar la dependencia y hacer más difícil saber si una buena calificación representa dominio real o una respuesta producida por una herramienta.

Los resultados de PISA apuntan, por ahora, hacia una regla de equilibrio: la IA parece más útil cuando amplía la capacidad del estudiante para preguntar, verificar y aprender, no cuando elimina la necesidad de pensar. Ese principio será decisivo mientras los sistemas educativos ajustan sus normas, rediseñan sus evaluaciones y buscan aprovechar la tecnología sin convertirla en un sustituto del aprendizaje.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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