El Pentágono estudia exigir que las principales bases de EE. UU. operen 90 días sin apoyo externo, mientras el Reino Unido recomienda que los hogares guarden suministros para afrontar tres días de interrupciones.
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- El programa FORTRESS contempla energía propia, reservas estratégicas y proveedores alternativos para instalaciones militares estadounidenses.
- La campaña británica Be Ready aconseja almacenar agua, alimentos, efectivo y artículos básicos para tres días.
- Las autoridades citan riesgos de ciberataques y otras interrupciones, pero no han dicho que una guerra sea inminente.
⚡️ El Pentágono estudia exigir que bases clave operen 90 días sin apoyo externo.
FORTRESS contempla energía propia, reservas y proveedores alternativos.
🇬🇧 Reino Unido recomienda guardar agua, alimentos y suministros para 3 días.
Las medidas buscan afrontar interrupciones. No… pic.twitter.com/oAUJRvWZ7F
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El Pentágono plantea bases capaces de resistir tres meses
El Pentágono desarrolla un requisito para que cada instalación militar importante en el territorio continental de Estados Unidos pueda mantener sus operaciones esenciales durante al menos 90 días sin ayuda externa. La propuesta apunta a un escenario en que un conflicto, un ciberataque u otra interrupción corte la electricidad y afecte las cadenas de suministro, aunque ninguno de los gobiernos mencionados ha dicho que una nueva guerra sea inminente. Fortune informó sobre el plan y señaló que los esfuerzos estadounidenses y británicos no parecen estar coordinados.
La iniciativa se llama FORTRESS. Pete Hegseth pronunció un discurso sobre el Estado de la Fuerza el 30 de septiembre, y un memorando posterior ordenó organizar una oficina dedicada al programa. La información disponible vincula FORTRESS con planes para reforzar la resiliencia de las bases, pero no permite afirmar que el programa se presentara específicamente durante ese discurso.
El estándar de 90 días amplía la atención más allá de la electricidad: busca asegurar también agua, combustible y comunicaciones. Entre las opciones contempladas figuran reactores nucleares portátiles, almacenamiento de baterías a gran escala y microrredes capaces de desconectar una base de las redes eléctricas civiles. Esas medidas pretenden sostener servicios indispensables cuando falle la infraestructura compartida, aunque el material disponible no detalla qué combinación aplicaría en cada instalación.
El Ejército ya anunció adjudicaciones de hasta USD $2.200 millones para construir microrreactores nucleares en cinco bases, incluidas Fort Bragg y Fort Hood. Sean Parnell, portavoz principal del Pentágono a quien Fox News Digital atribuyó el liderazgo de FORTRESS, resumió la lógica del plan al afirmar que la energía se ha convertido en una cuestión de combate. Sin electricidad, advirtió, se pierden comunicaciones, agua, logística, líneas de ensamblaje y estructuras básicas de mando.
Reservas y proveedores alternativos para sostener las operaciones
FORTRESS también prevé reservas estratégicas de municiones, combustible, minerales críticos, componentes electrónicos, repuestos y suministros médicos. La meta es que una interrupción prolongada no deje a las unidades sin los materiales necesarios para mantener sus funciones esenciales. El programa, según la información publicada, busca que la preparación abarque tanto el funcionamiento cotidiano de las bases como la capacidad de responder si se interrumpen los abastecimientos habituales.
Para las dependencias militares más críticas, el plan exigiría al menos dos vías de suministro o producción que hayan sido calificadas previamente. De ese modo, la pérdida de una fábrica o de un proveedor no debería detener por sí sola las operaciones. El requisito reconoce que la resiliencia no depende únicamente de producir electricidad dentro de una base: también exige contar con alternativas para obtener piezas, equipos y otros insumos indispensables.
El Pentágono pretende aprovechar la Civil Reserve Manufacturing Network, un programa existente que FORTRESS incorporaría a su estrategia. La iniciativa serviría para identificar fábricas comerciales capaces de cambiar a producción de defensa durante una crisis, con especificaciones técnicas, protecciones de ciberseguridad, acuerdos contractuales y procedimientos de conversión definidos de antemano. Preparar esas condiciones antes de una emergencia podría reducir el tiempo necesario para reorientar la producción, aunque la información no establece cuándo quedarían listos los acuerdos.
El alcance del proyecto todavía está en evaluación y no hay una cifra oficial de costos ni un calendario publicado por el Pentágono. Un alto funcionario de Defensa dijo a periodistas el 20 de octubre que las autoridades analizan las necesidades de aproximadamente 500 bases en el territorio continental y que completar el objetivo podría tomar décadas. Air & Space Forces Magazine calculó que la factura podría llegar a decenas de miles de millones de dólares, e incluso a cientos de miles de millones.
El riesgo de ataques contra servicios esenciales
El Pentágono no ha identificado públicamente a un país específico como objetivo de FORTRESS. Sin embargo, en febrero de 2024, la Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de Infraestructuras de Estados Unidos, la NSA y el FBI emitieron una advertencia conjunta sobre Volt Typhoon, un grupo de piratas informáticos patrocinado por el Estado chino. Las agencias dijeron que el grupo había comprometido redes de tecnología de la información en organizaciones estadounidenses de los sectores de comunicaciones, energía, transporte y agua.
Según aquella advertencia, los atacantes podrían estar posicionándose para interrumpir servicios esenciales durante un conflicto futuro. Microsoft había señalado por primera vez la actividad de Volt Typhoon en 2023, de acuerdo con la información recogida en el reporte. La preocupación que subyace al plan estadounidense, por tanto, no se limita a un ataque directo contra una instalación militar: una interrupción civil de energía, comunicaciones o agua también podría afectar su capacidad de operar.
La preparación para emergencias tampoco equivale a una predicción de guerra inmediata. La propuesta descrita por el Pentágono busca que las bases mantengan funciones esenciales si se corta el acceso a servicios externos, mientras que los organismos de seguridad citados han advertido de riesgos potenciales asociados a redes comprometidas. Esa distinción importa porque los planes detallados responden a escenarios de riesgo, pero la información disponible no indica que las autoridades hayan anunciado un conflicto inminente.
La dimensión del programa plantea además un desafío de ejecución: el Pentágono aún evalúa las necesidades de cientos de instalaciones y no ha divulgado un costo ni una fecha de finalización. La estimación de Air & Space Forces Magazine no es una cifra oficial, sino una proyección que sitúa el gasto posible en decenas o cientos de miles de millones de dólares. El plazo de varias décadas mencionado por un funcionario refleja la escala del trabajo, no un calendario definitivo de implementación.
El Reino Unido recomienda reservas domésticas para tres días
Días antes de conocerse los detalles del plan estadounidense, el gobierno británico lanzó el 22 de octubre la campaña Be Ready, centrada en ayudar a las familias a prepararse para interrupciones y otras emergencias. Su lista de verificación recomienda disponer de tres litros de agua potable por persona por día y alimentos no perecederos que no requieran cocción ni refrigeración. La campaña presenta una orientación práctica para afrontar tres días de perturbaciones, no una instrucción de abandonar la vida cotidiana.
La lista incluye también linternas, baterías externas, suministros de primeros auxilios y una radio que funcione con pilas o cuerda. El gobierno aconseja tener comida y agua para las mascotas y anima a guardar efectivo, ante la posibilidad de que fallen los pagos con tarjeta o los cajeros automáticos. En conjunto, los artículos cubren necesidades básicas de iluminación, información, salud y acceso a compras durante una interrupción de servicios.
Be Ready constituye la primera etapa de una campaña gubernamental de tres años que contempla fenómenos meteorológicos severos y otras emergencias. El Reino Unido publica orientaciones para la preparación doméstica desde mayo de 2024, por lo que el lanzamiento no representa por sí solo una señal repentina de que la guerra esté cerca. La recomendación de contar con provisiones se inscribe en una política más amplia de preparación civil ante distintos tipos de crisis.
En el ámbito de la defensa, Wes Streeting, identificado en la información publicada como secretario de Defensa británico, planteó un tono más urgente en un artículo para The Telegraph durante ese fin de semana. Sostuvo que los adversarios podrían disponer de fuerza militar y economía de guerra para atacar de aquí a 2030, y que el Reino Unido y sus aliados de la OTAN tendrían poco más de 1.000 días para prepararse. Streeting pidió prepararse para evitar el peor escenario y mencionó estados hostiles, ciberataques, crimen organizado y cambio climático.
Europa y Estados Unidos amplían sus planes de resiliencia
La preocupación británica también aparece en documentos oficiales sobre seguridad e infraestructura. La Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 identificó a Rusia como la amenaza más aguda para el país y señaló actividad hostil iraní; además, describió a China como un desafío sofisticado y persistente. El documento destacó que cables submarinos, oleoductos de energía y redes de transporte son infraestructuras que deben protegerse.
Un informe gubernamental de resiliencia publicado en julio mencionó el nuevo conflicto en Oriente Medio, el aumento de ataques de umbral inferior atribuidos a Rusia y varios ciberataques importantes. Por su parte, el Centro Nacional de Ciberseguridad británico gestionó más de 200 incidentes cibernéticos que afectaron infraestructura crítica y su ecosistema de apoyo entre junio de 2025 y mayo de 2026. Richard Horne, director ejecutivo del centro, dijo en junio que se creía que cerca del 75% estaba vinculado a actores estatales y nombró a Rusia, China e Irán.
El Reino Unido no es el único que recomienda preparativos domésticos. En marzo de 2025, la Comisión Europea presentó una estrategia de preparación que pedía directrices para ayudar a los residentes de la Unión Europea a mantener suministros de emergencia para al menos 72 horas. En Estados Unidos, el presidente Donald Trump marcó en septiembre el Mes Nacional de Preparación de FEMA, una campaña anual iniciada en 2004, e instó a los estadounidenses a mantener kits de emergencia, conocer rutas de evacuación y prepararse para amenazas naturales y provocadas por el ser humano.
Las iniciativas reúnen respuestas distintas ante una inquietud común: que ciberataques, sabotajes u otras formas de guerra híbrida interrumpan servicios y cadenas de suministro. El plan militar estadounidense busca autonomía para bases estratégicas durante 90 días, mientras que la orientación británica y europea se concentra en reservas domésticas de tres días o 72 horas. Ninguna de esas medidas demuestra por sí sola que un conflicto sea inminente, pero refleja que los gobiernos consideran necesario prepararse para emergencias que podrían empezar lejos de un campo de batalla, incluso con un apagón.
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